Palabras, palabras
La lectura de Isaías nos regala hoy palabras frescas, llenas de vida y esperanza, que remueven, que alivian. En nuestro día a día estamos rodeados de palabras que muchas veces no dicen nada o, peor aún, nos llenan de desaliento, nos intentan destruir o simplemente no nos dejan crecer como personas.
La Palabra de Dios me busca, quiere algo de mí y me pregunto si tengo la vida preparada y dispuesta para acogerla como la tierra de la que habla Isaías. Solo si colaboro, si escucho atenta, si preparo "mi tierra", la Palabra podrá enraizarse en mí y empapar lo que no acaba de ponerse en marcha.
La Palabra de Dios me busca, quiere algo de mí y me pregunto si tengo la vida preparada y dispuesta para acogerla como la tierra de la que habla Isaías. Solo si colaboro, si escucho atenta, si preparo "mi tierra", la Palabra podrá enraizarse en mí y empapar lo que no acaba de ponerse en marcha.
Esta palabra de Dios quiere de mí una vida plena, dispuesta siempre al cambio, una identificación progresiva y auténtica con su mensaje, que no me deje adormecer por otras palabras que no trasmiten movilidad, sino todo lo contrario, pasividad ante quien espera.
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