Y tú, ¿por qué luchas?

Qué a gusto nos sentimos muchas veces cuando nos vemos en algún puesto importante, da igual en qué ámbito. Parece que nos entra el " gusanillo" de querer seguir escalando, sentirnos admirados, queridos... quizá  envidiados...

Y Tú, con tu incomparable capacidad para sorprender, nos hablas de subir, pero a Jerusalén, camino de la incomprensión y de la cruz.

Queremos sentirnos capaces de sentarnos a tu derecha o a tu izquierda, nos arrogamos esos puestos de privilegio, sin darnos cuenta que estamos pasando por encima de los demás.

Y Tú, nos das ejemplo de acariciar enfermos, restaurar vidas rotas, abrazar heridas, lavar pies que se sienten indignos, dando cabida a todos.

Nos dejamos la piel pretendiendo controlar, alcanzar prestigio, autosuficiencia...

Y Tú nos hablas de servicio, de entrega, de dejarnos en tus manos, cómo Tú te dejaste en las del Padre.

Y, en nuestro interior, se produce la constante lucha entre la ambición y la humildad, el poder y el servicio, el egoísmo y el amor. Y tú, ¿por qué luchas?

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