Una mano tendida

No sé si a ti también te pasa, pero cuando me toca enfrentar situaciones difíciles me enfrento a sensaciones de miedo al fracaso, a la crítica, al rechazo, entre otras...

Cuando toco realidades de especial dureza, necesito pararme a reconocer la presencia oculta del Señor tras las múltiples heridas y acoger su invitación a no tener, a tener su paz.

A veces, cómo a Tomás, me cuesta reconocer las posibilidades de vida que se esconden tras las heridas, pero siento que me invita a no dejar de tender mis manos hacia ellas e intuir lo que a simple vista no se ve, que en el trasfondo de cada rostro herido habita el Señor de la vida y espera, siempre espera, una mano tendida.

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