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Creo en ti

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No sé si te has preguntado alguna vez qué supone en tu vida creer en Dios. Creer en Él es dejar que actúe en tu vida, que intervenga. Creer en Dios supone atreverte a comenzar de nuevo, porque sabes que estás siempre en sus manos. Creer en Él es saber Quién anima tus fuerzas, Quién sostiene tu ánimo cuando las cosas parece que no te salen. Creer en Dios es escuchar su Palabra y obedecerla, aunque aparentemente sientas que caminas al fracaso más absoluto. Creer en Él es tener la certeza que no caminas solo, que vas de la mano de quien hizo de su vida un acto de absoluta confianza en el Padre y no quedó defraudado. Creer en Dios es vivir en la alegría. Creer en Él es encontrar sentido en el momento del sufrimiento y atreverse a convertir esas situaciones en ofrendas de amor, como Él hizo. Creer en Dios es vivir en la humildad de los limpios de corazón, de los pobres, de los sencillos. Creer en Él nos aleja de la autosuficiencia, de situarnos como protagonitas orgullosos y de...

Padrenuestro

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Lucas nos presenta a Jesús recogido en oración, un poco apartado de sus discípulos. Cuando terminó, uno de ellos le dijo: «Señor, enséñanos a orar» . Jesús, con mucha sencillez, dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre...”», y les enseñó el Padre Nuestro Son las primeras palabras de la Escritura que aprendemos de memoria desde niños y que acompañan muchos momentos de nuestra vida. Esta oración recoge y expresa nuestras necesidades, no sólo materiales sino también espirituales. Por ellas, Jesús nos anima a decir con fuerza: «pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá». No se trata de pedir para satisfacer los deseos, sino para mantener despierta la relación con Dios, porque quien ora jamás está solo. Que María nos ayude a redescubrir la belleza y la profundidad de la oración cristiana.

En buenas manos

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 "Un discípulo no es más que su maestro".  Podemos esperar entonces, de entrada, un trato parecido: gentes que aceptan y gentes que no. “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Nos puede ir mal, ser mal recibidos, ser tratados mal. Pero nada ni nadie nos podrá separar del amor que Jesús nos tiene. Dios cuida siempre de nosotros. A pesar de los vaivenes que podamos sufrir en nuestra vida. Estamos en buenas manos. Os dejo una canción, un poco antigua, pero que puede ayudarnos a recordar que Él siempre vela por nosotros, en cada circunstancia. https://youtu.be/UROvjn7On44

Una mano tendida

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No sé si a ti también te pasa, pero cuando me toca enfrentar situaciones difíciles me enfrento a sensaciones de miedo al fracaso, a la crítica, al rechazo, entre otras... Cuando toco realidades de especial dureza, necesito pararme a reconocer la presencia oculta del Señor tras las múltiples heridas y acoger su invitación a no tener, a tener su paz. A veces, cómo a Tomás, me cuesta reconocer las posibilidades de vida que se esconden tras las heridas, pero siento que me invita a no dejar de tender mis manos hacia ellas e intuir lo que a simple vista no se ve, que en el trasfondo de cada rostro herido habita el Señor de la vida y espera, siempre espera, una mano tendida.

Actuar sin razonar

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No sé si a ti también te pasa, pero hay días en que experimento más a fondo la necesidad de silencio, la necesidad de acoger la invitación de Jesús de ir a la otra orilla, a donde me cuesta ir. Quizá es más fácil dejarse llevar por la impulsividad y la falta de discernimiento, actuar sin razonar. Jesús me abre los ojos a la realidad de su seguimiento, a la profundidad de entrar en ese contacto contigo, de liberarme de posesiones innecesarias, de esclavitudes que me atan , de relaciones muertas, de razones que no me llevan a amar. Pido para nosotros, la fuerza para seguir al Señor, para permitirle reclinar su cabeza en nuestro corazón. Os dejo una canción de Ixcís sobre el seguimiento, por si ayuda. https://youtu.be/qPt-k1MsWFU